Crecí en Chinácota, en medio de las Ferias de San Nicolás, de Pericles Carnaval, del desfile de reinas veredales y el desfile del reinado departamental (que antes era en Chinácota y no en Cúcuta). Sobre aquellos tiempos de ferias hay un artículo clásico del periodista Juan Antonio Gossaín Abdallah, titulado Chinácota la trampa de la nostalgia [1]. En ese artículo, desde su título, ya se puede apreciar uno de los problemas que tenemos como país y como regiones, esa nostalgia porque el presente sea como el pasado, lo cual es contrario a eso que llaman desarrollo o progreso. Y esa nostalgia la aprovechan bien los políticos de siempre, quienes saben que es mejor no cambiar nada, para mantener el poder...
En el caso particular de Cúcuta, la ciudad capital del departamento, resulta curioso esa nostalgia insistente por imitar ferias de pueblo, bajo el disfraz de las grandes ferias del país. Al respecto, recupero de mis recuerdos un artículo en La Opinión de hace 11 años, titulado Cúcuta para grandes cosas [2], que parafrasea el eslogan de un alcalde anterior y afirma que la historia de Cúcuta "...no ha sido más que una historia triste y permanente de desilusiones, frustraciones y saqueos que han terminado en carcelazos y destituciones; por ello hoy tenemos una ciudad como la que vivimos...".
Entonces veo al Alcalde actual bailando junto a unas marimondas, como intentando parecerse a los políticos barranquilleros, con quienes estaba de concierto, aquel día de un atentado terrorista y toque de queda en la ciudad. Y me pregunto ¿necesita Cúcuta unas ferias? ¿necesita Cúcuta un influencer o un Alcalde?
Sobre estas preguntas hablé esta semana con varios taxistas y todos coincidieron en que no necesitamos ferias y que tampoco nos sirve un influencer de Alcalde. Nadie más sabio que un taxista para dialogar sobre la realidad de nuestro micro contexto. Por ahora los taxistas son mis periodistas, son ellos quienes me informan y me ponen a pensar.
Qué falta hacen los buenos periodistas, lástima esos que asesinan y así se quedan, porque en Cúcuta no pasa nada, a lo mejor de ahí sale el argumento del aburrimiento, porque en Cúcuta no pasa nunca nada...
Mientras llegan los buenos periodistas o los buenos periodistas pierden el miedo al que nos quieren condenar o por fin se hace justicia y se elimina ese miedo, de vez en cuando nos corresponde a los profesores levantar la mano un poquito, aunque también con miedo, porque en Cúcuta, en todos los ámbitos, contextos y niveles es peligroso hablar.
[2] https://web.archive.org/web/20250726000431/https://www.laopinion.co/cucuta-para-grandes-cosas
[3] https://www.instagram.com/reel/DMjGOANvr58/?igsh=MWxpaGg2djVwc2E2dg==
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