jueves, 6 de febrero de 2020

Sobre el suicidio

El año pasado se suicidó un estudiante de la Universidad Javeriana. Se llamaba Jhonnier David Coronado Vanegas, era un estudiante de Tame Arauca y tenía una beca del gobierno nacional (programa Ser Pilo Paga del gobierno Santos, que el gobierno Duque cambió por Generación E -Excelencia/Equidad-). En ésta resolución del Ministerio de Educación, en la página 10, en el numeral 49, aparece la distinción Andrés Bello a este estudiante.

En medios de comunicación hablaron mucho del tema. Aquí hay una entrevista de la emisora LaFM a uno de sus compañeros. Como esta entrevista, hubo muchos comentarios y artículos sobre el tema. Todos coincidieron en que el muchacho sufría de depresión y en que la causa a este tipo de situaciones es la presión social y económica y, muy especialmente, la cultura (la cultura se come todo, no solo la estrategia, parafraseando a Peter Drucker).

También  plantearon que influye mucho la presión académica, pues hay muchos factores que los numeritos de las Pruebas ICFES (Saber 11) no miden. Uno de esos factores es la capacidad de insistir en cambiar un mundo que debe ser cambiado y de no rendirse, de seguir luchando a pesar de tener evidencia de que se fracasará y que ese fracaso será por la cultura y no porque uno esté equivocado o porque uno sea incapaz (eso que llaman resiliencia y que hoy es tema de moda). Y entonces, esa certeza del fracaso, sin importar la resilencia, genera un sinsentido de la vida que lleva a ese extremo del suicidio o también a los extremos de la violencia y la guerra.

Sobre ese sinsentido que lleva al suicidio, leí en un artículo dice lo siguiente: "El suicida entonces, a mi modo de ver, es antes que nada alguien que se atreve a expresar, del modo más rotundo y dramático, su inconformidad con un mundo muy mal construido". Y yo agregaría, "que no será posible deconstruir".

Entonces recordé la novela El Tunel de Ernesto Sábato, del cual transcribo un fragmento que me impactó cuando leí esa novela hace más de veinticinco (25) años:

"...El suicidio seduce por su facilidad de aniquilación: en un segundo, todo este absurdo universo se derrumba como un gigantesco simulacro, como si la solidez de sus rascacielos, de sus acorazados, de sus tanques, de sus prisiones no fuera más que una fantasmagoría, sin más solidez que los rascacielos, acorazados, tanques y prisiones de una pesadilla.
La vida aparece a la luz de este razonamiento como una larga pesadilla, de la que sin embargo uno puede liberarse con la muerte, que sería, así, una especie de despertar. ¿Pero despertar a qué ? Esa irresolución de arrojarse a la nada absoluta y eterna me ha detenido en todos los proyectos de suicidio. A pesar de todo, el hombre tiene tanto apego a lo que existe, que prefiere finalmente soportar su imperfección y el dolor que causa su fealdad, antes que aniquilar la fantasmagoría  con un acto de propia voluntad. Y suele resultar, también, que cuando hemos llegado hasta ese borde de la desesperación que precede al suicidio, por haber agotado el inventario de todo lo que es malo y haber llegado al punto en que el mal es insuperable, cualquier elemento bueno, por pequeño que sea, adquiere un desproporcionado valor, termina por hacerse decisivo y nos aferramos a él como nos agarraríamos desesperadamente de cualquier hierba ante el peligro de rodar en un abismo..."
Tenía guardado en mi blog estas ideas desde el día del suicidio del estudiante y algo de esto había compartido en un grupo de WhatsApp con profesores. Hoy volvieron a mi memoria y decidí escribir y publicar porque leí la noticia sobre la Pastilla Mortal en Holanda, una pastillas que le permite a las personas mayores de setenta (70) años decidir cuándo morir, sin importar su estado de salud. Y entonces me declaro en desacuerdo, pues una cosa es que una persona decida terminar su vida en un momento desesperado, como lo narra Sábato en El Tunel y otra muy diferente es que como sociedad y como gobierno se deje el camino libre para morirse. Yo decido aferrarme a la vida, sin importar los obstáculos que debamos enfrentar.

Finalmente, pienso que debemos enseñarle a nuestros estudiantes y familiares a que se aferren a la vida, sin importar que a veces nos invada ese sinsentido de que nada puede cambiarse. Y también, debemos estar pendientes de aquellas personas que nos dan señales de querer llegar a ese extremo e intentar evitarlo...

martes, 4 de febrero de 2020

Adanismo y Gatopardismo

A fin e inicio de cada año, las organizaciones suelen formular planes. Y con mayor razón ahora que estamos en una transición de década, pues llegamos al 2020, aunque los matemáticos insistan que no es así, por aquello de que el cero es un punto de partida en la recta numérica del tiempo... Y algo común al formular esos planes es que se ignora el pasado y se genera la ilusión de que se está cambiando el presente, aunque en realidad llega el futuro y todo sigue igual...

A ese primer fenómeno de "ignorar el pasado" le suelen llamar "adanismo" y al segundo, el de "cambiar para seguir igual", le llaman "gatopardismo". Son dos palabras que aparecen en columnas sobre política, en especial para criticar decisiones y acciones de los gobiernos de turno. Y para aquellos a quienes les molesta la política, conviene recordar que los humanos somos seres políticos por naturaleza, tal como lo afirmó Aristóteles.

Pues bien, esa palabra adanismo se la atribuyen al filósofo y escritor español José Ortega y Gasset. Pero el origen del término no es fácil de encontrar de manera explícita, por lo menos no de la manera en que se usa hoy en día. Después de mucho buscar, al parecer el adanismo surge en el capítulo 11 del libro Meditaciones del Quijote: 

"Nuestros grandes hombres se caracterizan por una psicología de adanes. Goya es Adan—un primer hombre."




En esencia, el adanismo es la costumbre de comenzar todo desde cero, de creer que nada existió antes, de emprender proyectos ignorando el pasado, ignorando tanto lo bueno, como lo malo. En esencia, una mala costumbre, pues por ese camino se termina en la manía de repetir indefinidamente lo mismo, de hacer y deshacer, como lo narra Gabriel García Márquez en Cien Años de Soledad, cuando cuenta que el coronel Aureliano Buendía se dedicaba a forjar pescaditos de oro que luego fundía para repetir un ciclo interminable... Hay unas palabras del escritor Juan Esteban Constaín que retratan muy bien el adanismo:
"..la costumbre perversa, sobre todo en un gobernante, de creerse el primer hombre, como Adán; la funesta obsesión de refundar el mundo y empezar de ceros..."

Por otra parte, el gatopardismo surge de la novela italiana Gatopardo, del autor Giuseppe Tomasi di Lampedusa, a partir de la expresión:

«Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie» «Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi»

En este caso no se trata de ignorar el pasado sino de anularlo, de que siempre sea presente, de detenernos en el tiempo y el espacio, de volvernos una fotografía, de que nada cambie... Se le apuesta a un montón de proyectos sin sentido, a un montón de cambios que parecen revolucionarios o como le llaman ahora, disruptivos. Pero en realidad todo sigue igual, todo se conserva, el gatopardismo no es más que una estrategia de los políticos conservadores que se aferran al poder simulando que hacen transformaciones, pero en realidad caen en la manía adanista de hacer y deshacer...

En resumen, el adanista o el gatopardista son como lo dice la canción La Masa de Silvio Rodriguez: 

"...Un servidor de pasado en copa nueva
Un eternizador de dioses del ocaso..."

Ojalá que este año 2020 nos permita luchar contra los adanistas y gatopardistas y considerar los miles de años de humanidad para generar realmente cambios y transformaciones. Que la disrupción que se promete con las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) sea una realidad y que la educación cambie y nos cambie, que no sigamos en soledad por cien años más haciendo y deshaciendo pescaditos de oro...

Referencias:
  • https://www.gutenberg.org/files/57448/57448-h/57448-h.htm#150
  • https://web.archive.org/web/20180207042504/http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12923900
  • http://web.archive.org/web/20200204204803/https://www.lasprovincias.es/valencia/20090402/opinion/zapatero-adanismo-20090402.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F
  • https://web.archive.org/web/20200204204442/http://www.janantoon.be/sobre-el-adanista/
  • http://web.archive.org/web/20200204204639/https://www.elcomercio.es/v/20110717/gijon/peligros-adanismo-cultural-20110717.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F 
  • https://archive.org/details/B091965/page/n13/mode/2up
  •  http://self.gutenberg.org/articles/il_gattopardo_(novel)


lunes, 13 de enero de 2020

Comprueban que el cerebro humano es necio, pero aún no se sabe por qué

Leí hace unos día un artículo del periódico El País titulado "El cerebro nos impide ver la fuerza de los argumentos que nos contradicen". El artículo se relaciona mucho con las dos últimas entradas (sobre dos videos TEDx). Parece que estamos condenados a ser lo que aprendemos en la familia, la escuela y la calle, pues el cerebro se niega a cambiar de parecer, incluso cuando hay argumentos contrarios mucho más sólidos y evidentes que los nuestros.

Por eso debemos ser cuidadosos con lo que aprendemos y enseñamos y con las personas con quienes nos relacionamos, confiamos y creemos. Lo mejor es aprender a dudar desde niños, una duda permanente y metódica, una postura científica. No se trata de irse al extremo de no creer en nada, sino de mantener el cerebro abierto a nuevas ideas, de permitirnos evolucionar y cambiar. Conversar con personas de diferentes visiones y lograr acuerdos.

Si esos experimentos que menciona el artículo son 100% confiables y válidos y nuestro cerebro es necio por naturaleza, de pronto no tiene sentido buscar el por qué ni tratar de cambiarnos. Vamos a tener que consolarnos con la poesía y la música, como la canción El Necio de Silvio Rodriguez:


 Para no hacer de mi icono pedazos,
para salvarme entre únicos e impares,
para cederme un lugar en su Parnaso,
para darme un rinconcito en sus altares
me vienen a convidar a arrepentirme,
me vienen a convidar a que no pierda,
mi vienen a convidar a indefinirme,
me vienen a convidar a tanta mierda.

Yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
Allá Dios, que será divino:
yo me muero como viví.

Yo quiero seguir jugando a lo perdido,
yo quiero ser a la zurda más que diestro,
yo quiero hacer un congreso del unido,
yo quiero rezar a fondo un hijonuestro.
Dirán que pasó de moda la locura,
dirán que la gente es mala y no merece,
mas yo seguiré soñando travesuras
(acaso multiplicar panes y peces).

Dicen que me arrastrarán por sobre rocas
cuando la Revolución se venga abajo,
que machacarán mis manos y mi boca,
que me arrancarán los ojos y el badajo.
Será que la necedad parió conmigo,
la necedad de lo que hoy resulta necio:
la necedad de asumir al enemigo,
la necedad de vivir sin tener precio.

¿Por qué creemos en lo que creemos?

Dejo una copia de un video TEDx elaborado en conjunto entre el sociólogo y filósofo estadounidense John Millburgh y el actor y comediante argentino Manuel "Mamo" Gutiérrez Arana. Conviene que vean el video completo hasta el final...


El video plantea lugares comunes de la epistemología, como el criterio de verdad del conocimiento y el origen, las fuentes de nuestro conocimiento. La gran mayoría de lo que "conocemos" no lo hemos conocido en "primera persona" sino por "imágenes" de terceros, a través de nuestra vida (conversaciones, lecturas, mitos, leyendas, verdades y mentiras). Entonces debemos procurar que esos terceros, nuestras fuentes, sean confiables, para no vivir engañados, pues es imposible en nuestra corta vida conocer todo por la experiencia directa.

Además, lo que conocemos va determinando con el tiempo nuestras decisiones, nuestras acciones y nuestros nuevos conocimientos. En la medida en que vamos conociendo nos vamos llenando de prejuicios, vamos acumulando conocimientos que nos determinan...  Como el refrán argentino que menciona el video: "el que se quema con leche ve una vaca y llora"...

Cuando más conocemos mayor es la entropya. Lograr la synergya es cada vez más difícil... La Synentropya es como el final del video: "vivimos demasiado convencidos y convencidas de que nuestro modo de ver el mundo es la posta"... deben ver el video...



La conversación es como el fuego

Dejo aquí una copia de un video TEDx de Guadalupe Nogués titulado "Cómo hablar con otros que piensan distinto".



En ese video se plantea la importancia que tienen las evidencias (los hechos) para tomar decisiones, pero también se plantea que esas evidencias son insuficientes. Ni la postura científica ni la educación han conseguido resolver ese problema, generando que las conversaciones sobre ideas opuestas terminen en disputas. Posiblemente eso sucede porque nos convertimos en lo que pensamos y creemos y cuando alguien cree, piensa y dice cosas diferentes, entonces nos sentimos atacados, heridos. Es básicamente una cuestión de egos, de individualidades que nos impiden construir juntos, mejorar y evolucionar, llegando a consensos en medio de los disensos, de manera que las "mejores" ideas triunfen y lideren el avance de la humanidad.

En ocasiones se genera una censura tribal, que obliga a algunos a callarse, los anula, los aniquila, los silencia. Se imponen las voces e ideas de los poderosos, quienes usan su poder para manipular a algunos que piensan igual o para anulara a los otros que piensan distinto. Y eso pone en peligro la democracia y la humanidad, pone en peligro la conservación de lo que somos y la evolución hacia un futuro mejor, por eso es fundamental resolver el problema. Conviene que separemos a las personas de las ideas, que respetemos las diferencias y podamos conversar.

El video finaliza planteando una metáfora  entre el fuego y la conversación: El fuego tiene dos extremos peligrosos que los seres humanos logramos dominar muy bien. Un extremo es que el fuego se apague y el otro es que el fuego se vuelva incontrolable y se termine en un incendio. Con la conversación sucede lo mismo, de modo que no podemos permitirnos quedarnos callados o que nos silencien, pues sería, como dice el video, "un silencio ruidoso". Pero tampoco podemos caer en el incendio permanente pues eso nos destruiría. Es necesario que así como controlamos el fuego logremos controlar las conversaciones entre personas diferentes...

Que el fuego se extinga o se genere un incendio es entropya, controlarlo es la synergya. Que pensemos diferente y pongamos de manifiestos esas diferencias, esos disensos, es entropya y que escuchemos, toleremos, conciliemos y lleguemos a consensos es synergya. La idea de SynEntropya es clave y en este video aparece con total claridad...


miércoles, 8 de enero de 2020

El funámbulo Philippe Petit

La televisión colombiana es cada año menos atractiva y los canales de la televisión por cable tienen una programación predecible y repetitiva. En raras ocasiones hay algo nuevo y bueno para pasar el tiempo y es peor en estos primeros días del año.

Hace algunos días terminé viendo una película del año 2015, de Robert Zemeckis, titulada "En la cuerda floja": La historia del francés Philippe Petit, quien caminó en 1974 sobre una cuerda floja en las desaparecidas Torres Gemelas. Encontré una nota en la Revista Semana que muestra más detalles sobre el tema.

Sentí escalofrío al ver la película, el funámbulo caminando por una cuerda y a sus lados el vacío de más de cuatrocientos metros de altura. Pero la película muestra algo que creo aún más interesante: la determinación de Philippe Petit por lograr un sueño, la colaboración de todos sus amigos y su novia y su posterior separación y soledad, después de haber logrado cambiar el mundo, después de lograr lo que parecía imposible...

Curiosamente hoy apareció una columna de opinión en El Espectador, titulada "Elogio de la cuerda floja" de David Santiago Mena Luengas. La columna plantea una metáfora política, donde el vacío son los extremos de la derecha y la izquierda y la posición "apropiada" es el centro, la cuerda floja...

Pienso entonces que pasamos de ser políticos "tibios" a ser "funámbulos", "...cada paso debe ser cuidadoso y meditado, la vista siempre al frente, tratando todo el tiempo de mantenerse en la mayor estabilidad posible, en el mayor equilibrio...".

Pero también pienso que hay que tomar partido de vez en cuando, arrojarse al vacío de un lado, asumir los riesgos y después recuperar el equilibrio y seguir caminando sobre la cuerda. Si no lo hacemos, podríamos quedarnos paralizados a mitad de la cuerda, sin avanzar,  como una fotografía...

Fuente A.F.P - Artículo Revista Semana citado previamente




Reseñas de Libros

Casi siempre me gusta escribir sobre los libros que leo. Es un ejercicio de memoria, reminiscencia podría ser el término clave. Cuando leo, procuro realizar una segunda lectura tomando notas en mis libretas de apuntes y en los últimos años he comenzado a subrayar los libros, algo que antes odiaba hacer. Creo que esos subrayados son señales del envejecimiento de mi memoria...

Desde hace varios meses tengo muchos apuntes sobre libros en mis libretas, pero no he escrito sobre eso. Cuando lo he intentado termino escribiendo sobre otras cosas o me desvío y sigo leyendo o me distraen y abandono, cambio de actividad...

Justo hoy me senté con la intención de reseñar uno de los libros, del cual tengo varios apuntes y al que he regresado varias veces. Pero se pasaron las dos horas en el estudio y terminé escribiendo esta entrada... Lo malo es que me prometí no comprar más libros y no leer más hasta que no escriba lo que me  propuse, así que debo intentarlo una vez más...

Para cumplir mis metas siempre las escribo y voy marcando (tachando) en la medida que las cumplo. Así que voy a dejar aquí la lista de algunos de los libros que me gustaría reseñar antes de finalizar mis vacaciones:

  • Rodolfo Llinás - La pregunta difícil de Pablo Correa.
  • ¿Por qué somos tan parroquiales? de Sandra Borda.
  • El ingenio de los pájaros de Jennifer Ackerman (ya escribí algo). 
  • The Psychology of Computer Programming de Gerald M. Weinberg.
  • ¿Qué es la Tecnología? de Dominique Raynaud (creo que ya escribí algo).